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Nunca me habría imaginado en la situación de tener que cambiar de vivienda después de haber comprado la que yo pensaba que sería mi casa para toda la vida. Un año antes de casarme, mi pareja y yo nos compramos un pico con tres habitaciones y un buen salón para pasar el resto de nuestra vida junto. A los dos años llegó Alex y cerramos el círculo, pensábamos que ya teníamos lo básico y ahora solo teníamos que seguir creciendo como personas, mejorando nuestra calidad de vida cada día un poco más, pero entonces llegó la pandemia y en junio supe que me había quedado embarazada otra vez.

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Nunca me habría imaginado en la situación de tener que cambiar de vivienda después de haber comprado la que yo pensaba que sería mi casa para toda la vida. Un año antes de casarme, mi pareja y yo nos compramos un pico con tres habitaciones y un buen salón para pasar el resto de nuestra vida junto. A los dos años llegó Alex y cerramos el círculo, pensábamos que ya teníamos lo básico y ahora solo teníamos que seguir creciendo como personas, mejorando nuestra calidad de vida cada día un poco más, pero entonces llegó la pandemia y en junio supe que me había quedado embarazada otra vez.

No era nuestra intención, de hecho ponemos medios para evitarlo, pero ha pasado. Debemos ser una de esas parejas que queda relegado a ese 1% de veces que fallan los métodos anticonceptivos, o 2%, no lo sé, pero dudo mucho que el porcentaje sea mucho mayor a eso. Al principio llegó la sorpresa junto a shock, luego empezamos a afrontar lo que se nos venía y a aceptarlo sin más, y poco después ya estábamos emocionados comprando cositas nuevas porque la mayoría de los útiles que compramos con mi primer hijo acabaron donados, regalados, o directamente en el cubo de la basura si estaban muy usados.

Luego, en septiembre, supimos que lo que venía en camino era una niña. ¡Qué ilusión, la parejita! Pensamos nosotros, y también nuestra familia, y nuestros amigos, y todos éramos felices comiendo perdices hasta que mi hermana me preguntó ¿Y dónde vais a meter a la niña en casa?

De pronto mi cabeza empezó a marearse, las neuronas chocaban unas con otras esperando encontrar salida a tal maremagno de pensamientos y me di cuenta de que ese era un problema en el que había que pensar muy seriamente.

Tres habitaciones, una era la de matrimonio, la otra la de Alex, y la tercera era un despacho del que no podíamos prescindir, pues ambos trabajamos con el ordenador y más aún con el tema de la pandemia porque teletrabajamos muchísimo. “Bueno, ahora dormirá con nosotros y luego puede compartir habitación con Álex durante unos años” pensé, pero luego me di cuenta de que, aun así, cuando Álex fuera un poco más mayor querría disponer de su privacidad y con una pequeñaja 4 años más pequeña que él lo iba a tener complicado. Eso nos hizo entender que la posibilidad de tener que mudarnos cada vez se hacía más patente y de nada servía retrasar el momento unos años si al final íbamos a acabar teniendo que hacerlo. C

Conclusión: los buscadores de viviendas en Internet se convirtieron en nuestros mejores amigos, y después de visitar muchísimos pisos nuevos y de segunda mano encontramos nuestra nueva casa a principios de diciembre. Conseguir la hipoteca no fue un problema, pusimos a la venta nuestro piso actual y en menos de 15 días obtuvimos el sí del banco, así que empezamos el papeleo y justo después de Reyes, el día 7 y como regalo de Navidad, nos dieron las llaves de nuestro nuevo hogar.

Lo primero y primordial fue conseguir más almacenaje. Al final optamos por un piso en una bonita urbanización con 4 habitaciones y 2 baños, que era de segunda mano, así que aunque estaba en buen estado, había algunas cositas que hacer antes de la mudanza. Sidón Armarios, la conocida empresa madrileña, instaló armarios a medida tanto en el dormitorio de matrimonio como en el de los niños, ya que la vivienda carecía de armarios empotrados, y luego fuimos nosotros mismos los que pintamos las paredes de toda la casa. En La Casa del Pintor Shop encontramos todos los tonos que buscábamos y a buen precio pero claro, ¡ponte tú a pintar paredes embarazada de 8 meses! Muy cómodo no es, ya os lo digo yo. Yo pintaba la parte de debajo de las habitaciones, por eso de no subirme a la escalera, pero da igual, porque lo de agacharme para llegar a la parte de abajo también era toda una maniobra con dolor lumbar incluido que no le deseo a nadie. A última hora no sabía si reír llorar, sobre todo cuando apareció Álex cubierto de pintura azul celeste en el salón donde yo estaba pintando para decirme que había intentado ayudar con su cuarto y había sufrido un pequeño accidente.

Al final Álex se estuvo quedando en casa de mi madre hasta que acabamos de pintar pero ese día, ese bendito día, la que limpió todo el estropicio fui yo y para colmo no podíamos entretenernos yendo despacio porque a mí solo me quedaba un mes para dar a luz y queríamos estar en la nueva casa cuando llegara la pequeña Sara.

La mudanza

Aun así, lo peor no fue preparar la vivienda para entrar a vivir con 4 chapuzas aquí y allá, lo peor llegó con la mudanza. Intentar preparar algo con un niño de 4 años corriendo por toda la casa es arduamente complicado pero hacerlo además con un estado de gestación tan avanzado era misión imposible. No me podía agachar, ni coger cosas de peso, tampoco podía estar demasiado tiempos entada ordenando cosas porque se me hinchaban los pies y una única vez que me dio por sentarme en el suelo a guardar la vajilla y la cristalería en una caja tuve que esperar a que llegase mi marido del trabajo para poder levantarme porque no podía.

Intenté apoyarme en el sofá, que lo tenía al lado, y no pude, llamé a mi hijo para que tirase de mí, pero nada y además cometí un grave error al llamarlo porque se asustó y estuvo llorando por lo menos 5 minutos queriendo que me levantase. Luego, cuando conseguí que me escuchara, le dije que no pasaba nada, que estaba bien, e incluso le hice un par de bromas diciéndole que estoy tan gorda y que Sara pesa tanto que no podía, que era como un elefante, y entonces le dio la risa y paso del llanto al descojone total en 2 minutos y tuve que aguantarlo así hasta que mi marido me levantó del suelo muerto también de la risa de ver a Álex intentando contarle todo lo que estaba pasando mientras se hacía pipi porque no paraba de reír.

Visto lo visto acabamos llamando a una empresa profesional para que hicieran ellos el trabajo completo y, aun así todo fue una odisea. Ellos fueron magníficos, muy profesionales, pero una vez en la nueva casa ¿quién ordena todo? Pues yo, así que aquí me tenéis, en tiempo actual, cuando me falta una semana para dar a luz (si no se adelanta ni se retrasa) ordenando estanterías, armarios e incluso objetos de decoración.

De hecho, he parado para escribiros esto y ya estoy pensando en que mi siguiente paso será ordenar los armarios de la cocina porque a este paso voy a intentar cocinar esta noche lo que sea y va a ser imposible encontrar una cuchara.

Visto lo visto, cuando leo algún artículo por ahí de esos de “Cómo hacer una mudanza con niños en casa” o cosas similares lo que yo diría es “cómo hacer una mudanza con niños y una barriga que llega antes que tú dos segundos antes a cualquier sitio”, más o menos.

Tal vez, de haber sabido que la cosa iba a llegar tan justo, me habría esperado a tener a la niña y a recuperarme antes de hacer la mudanza aunque reconozco que pensar en que la semana que viene es posible que ya esté Sara con nosotros y lo único que tengo que hacer es venir a descansar y disfrutar de ella porque tengo todo lo demás hecho me tranquiliza bastante.

Unos días antes de que naciera Álex, en pleno agosto, se rompió el aire acondicionado del salón en nuestra antigua casa y entre que compramos uno nuevo y nos lo instalaron nació mi hijo. Puede parecer una tontería, pero eso de estar pensando en el hospital que cuando te den el alta vas a ir a casa con 35 grados de temperatura de media y un bebé recién nacido con el único aliado de un ventilador puede llegar a ponerte muy nerviosa. Además, cuando a los tres días de estar en casa llegaron los instaladores, tuvimos que soportar el ruido tanto el niño como yo cuando aún estábamos recuperándonos así que en el fondo ya tengo la experiencia de dejar para más adelante algo y acabar agobiada hasta las cejas.  En el fondo, supongo, hemos hecho lo correcto, aunque haya costado un poco de más. ¿No creéis?

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