Abre el baúl de los disfraces

Aunque siempre hay excepciones, desde que somos niños tenemos cierta pasión por el mundo del disfraz, una pasión que ya siendo adultos solemos disfrutar solo en eventos especiales como Carnaval y en algunos casos Halloween o fiestas privadas. Hoy en día, en todas las escuelas infantiles hay un baúl o un armario lleno de disfraces para que los más pequeños jueguen a disfrazarse pero ¿por qué? Pues básicamente porque es uno de los juguetes más pedagógicos que existen.

“Contamos con varias escuelas infantiles entre nuestros clientes más fieles que cada año nos hacen pedidos de disfraces desde 0 a 4 años, aproximadamente”, cuentan desde Disfrazarte Shop, “pero también nos hacen pedidos de accesorios como gafas, pelucas, gorros, y otros complementos similares”, añaden. Y es que el disfraz se ha convertido en uno de los juegos más importantes de cualquier escuela infantil que se precie.

El valor pedagógico del disfraz

Disfrazarse es una de las mejores actividades que pueden realizar los niños para practicar el juego simbólico, aunque cabe destacar que también es perfecto para el joven y el adulto, pero en la etapa infantil tiene aún mayor importancia pues es cuando más ha de desarrollar todas sus capacidades. Con los disfraces, los niños puedes jugar a interpretar cualquier tipo de rol, convirtiéndose en un animal, un superhéroe o incluso en un objeto y esto les ayuda a adquirir una serie de conocimientos que serán vitales en su vida adulta:

  • Imaginación y la fantasía: al inventar historias y situaciones que representar.
  • Empatía: al ponerse en el lugar del personaje que interpretan.
  • Memoria: al recordar todo sobre ese personaje para poder imitarlo.
  • Habilidades sociales: al jugar con otros niños que también interpretan otros roles por lo que desarrollan habilidades sociales y la relación con los otros.
  • Teatralidad: estimulan el juego sociodramático.
  • Diversión: siempre que un niño se pone un disfraz se divierte.

Además, hay algo muy importante que a veces pasamos por alto, los juegos de disfraces ayudan a establecer la identificación de género. Y es que conforme los niños empiezan a interpretar roles experimentan con diferentes identidades de género y los comportamientos de esos personajes. Así, cualquier niño o niña de 3 años puede convertirse en bombera, pero también en Superman o en Elsa, la princesa más famosa de Disney en la actualidad. El niño que así lo desee, podrá ser Elsa, igual que la niña que quiere ser Superman, y así intercambiar su género teórico dándole la posibilidad de empezar a sentirse más cómodo, o cómoda, en un personaje y no en otro.

Por lo general, los chicos suelen ser atraídos hacia los papeles de padres, constructores,  héroes y militares, mientras que las niñas suelen sentirse atraídas por los papeles de artistas, madres, maestras y bailarinas. Salirse de este no es malo, pero sí que permite observar las tendencias e intereses de los niños. Es bastante normal que los niños experimenten con diferentes roles de género a medida que aprenden acerca de sí mismos.

De hecho, prohibirle a un niño que se disfrace de niña, o al contrario, podría ser muy contraproducente ya que, por un lado, que haga esto no significa que quiera convertirse en otra persona y, aunque así fuera, le estaríamos ayudando a identificarse con su yo interior, con quien verdaderamente es.

La comunicación

Pero aquí no acaban los beneficios de los disfraces en el mundo de la pedagogía, y es que los pequeños, al adoptar ciertos roles, empiezan a intentar hablar como lo haría esa princesa, ese médico, o ese superhéroe. ¿Cómo lo hacen? Pues lo más normal es que acaben utilizando palabras que oyen en su entorno, desde aquellas que lee mamá o papá en el cuento de buenas noches hasta esa otra que oyó a su hermano mayor y que no sabe muy bien qué significa, e incluso la que utilizó un personaje de televisión. Lo importante es que empiezan a trabajar con esas palabras, aprendiendo a utilizarlas aunque en un primer momento tal vez lo hagan mal.

Veamos un ejemplo clásico: si un pequeño de 4 años escucha en televisión la mítica frase de Lo que el viento se llevó “a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre” es posible que, en ese momento, la palabra “testigo” le suene un poco a chino pero también es posible que decida preguntar qué significa o que, simplemente, empiece a usarla sin saber qué quiere decir y posteriormente acabe comprendiéndolo por sí mismo dentro de un contexto.

Lo importante de los disfraces no es solo la diversión que nos traen, que también, sino lo que nos pueden llegar a enseñar.

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