Todo esto y mucho más puede hacer el Mindfulness por ti.

Mindfulness

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El Mindfulness nos puede ayudar a controlar el estrés y la ansiedad, se utiliza como complemento en tratamientos de enfermedades crónicas para mitigar el dolor y algunos pedagogos lo emplean para aumentar el nivel de concentración de los alumnos. Estas y más cosas puede hacer el Mindfulness por ti.

Fue el Buda Siddhartha Gautama sobre el año 500 antes de Cristo, quien enfatizó sobre la importancia de la atención plena como parte de un camino de crecimiento espiritual y liberación del sufrimiento. La meditación y el Mindfulness forman parte de la tradición budista.

Sin embargo, no es hasta finales de los años 60, que estas prácticas orientales arraigan en la sociedad occidental. A partir de los años 80, se utilizan con un sentido terapéutico que va más allá de su origen religioso.

El mindfulness está relacionado con la consciencia plena. Con el aquí y el ahora. Con ser consciente de lo que está sucediendo a tu alrededor en el momento presente. Y con centrar tu mente en la actividad que estás realizando. Disipando de ella pensamientos que te retraen al pasado o que especulan sobre un hipotético futuro. Un planteamiento que resulta liberador para el individuo.

Algunas personas recurren al mindfulness como una técnica de desarrollo personal. Por otro lado, cada vez más profesionales de diferentes ámbitos de la salud, reconocen los beneficios del mindfulness y lo introducen como una actividad complementaria que refuerza sus tratamientos.

Los instructores de Escuela de Crecimiento, una academia que forma formadores en materia de crecimiento personal, señalan que bastan 8 semanas para introducirse en el Mindfulness.

No es necesario más, según ellos lo importante no es conocer o comprender esta técnica, sino aplicarla. Vamos a asomarnos a algunas aplicaciones prácticas del mindfulness, relacionadas con sus beneficios sobre nuestra salud física y mental.

¿Qué es el Mindfulness?

Los defensores del Mindfulness aclaran que esta disciplina no es un conjunto de ejercicios, ni una técnica. Es una filosofía. Una manera de entender la vida, el mundo que nos rodea y nuestra relación con él

Es una filosofía de carácter práctico. Es decir, no nos sirve únicamente para interpretar el mundo, sino que debemos aplicarla e integrarla en nuestra vida cotidiana.

Como ya hemos apuntado antes, el mindfulness consiste en centrar la mente en el presente, aceptando pensamientos, emociones y sensaciones sin juzgarlos. Su origen se encuentra en la meditación budista, pero en la actualidad se ha integrado en la psicología y la en vida cotidiana como una técnica para reducir el estrés, mejorar la concentración y promover el bienestar emocional.

A través de ejercicios como la respiración consciente, la observación del entorno y la aceptación de la experiencia presente, el mindfulness ayuda a desarrollar una mayor conexión de la persona consigo misma, con su entorno y con el momento actual.

Ya lo decía John Lennon: “La vida es lo que te pasa mientras tú estás ocupado con otros planes.” Precisamente, lo que promueve el mindfulness es que tomemos consciencia de eso que nos está pasando y que despejemos nuestra mente, por unos momentos, de esas ideas invasoras, que nos alejan del momento actual.

El mindfulness se opone al multitasking. Esa forma de actuar que tenemos de intentar hacer varias cosas al mismo tiempo. De tener la cabeza ocupada en varios pensamientos. Una dinámica que, ya de por sí, nos conduce al estrés.

El mindfulness nos propone disfrutar de lo que estamos haciendo. Algo tan sencillo como puede ser caminar por el parque o quedarnos mirando el horizonte.

Lo bueno de esta filosofía es que no es excluyente. No debemos abandonar nuestras convicciones para abrazar el mindfulness. Aunque la práctica del mindfulness, eso sí, influirá con el tiempo en nuestra manera de pensar. Nos tomaremos la vida de otra manera.

El Mindfulness y la salud mental.

Uno de los usos más empleados, en la actualidad del Mindfulness, es su relación con la psicología y la salud mental.

La revista médica  Journal of Internal Medicine afirma que practicar el mindfulness todos los días durante media hora nos ayuda a reducir los efectos de la ansiedad y la depresión.

La Universidad Internacional de La Rioja señala que existen programas terapéuticos de reducción del estrés basados en el Mindfulness.

De hecho, hay técnicas del mindfulness que pueden prevenir los ataques de ansiedad. El uso regular de estas prácticas prepara nuestra mente para gestionar los pensamientos estresantes y disipan las ideas perniciosas antes de que desencadenen una crisis de ansiedad. Algunos de estos ejercicios para combatir la ansiedad son:

  • Ejercicios de respiración consciente: El paciente que presiente la irrupción de una crisis de ansiedad, detiene lo que está haciendo, y se sienta por un momento a respirar. En ese tiempo, la persona es consciente del aire que entra por su nariz y del que expulsa por la boca, centrando su atención únicamente en esta acción. Eliminando cualquier preocupación de su cabeza.
  • Detención de golpe. Antes de que la ansiedad o el estrés hagan estragos, el paciente debe detenerse, mirar a su alrededor y fijarse en lo que está pasando. Para ello, se recomienda retirarse a un lugar tranquilo. Como puede ser un parque o un espacio natural.
  • ¿Qué pasa fuera de mí? Antes de que las ideas que inundan nuestro pensamiento provoquen sobre nosotros una sobreexcitación nerviosa, vale la pena preguntarnos: ¿Qué está sucediendo ahora fuera de mí? Y centrar nuestra atención en esos detalles. Puede ser el canto de los pájaros, la música que está poniendo el vecino o el ruido de la calle.

Estos son ejercicios derivados del Mindfulness que nos ayudan a controlar la ansiedad.

Usos terapéuticos del Mindfulness.

Señala el blog dolor.com que el Mindfulness se lleva utilizando con usos terapéuticos desde los años 80. No son pocos los médicos que recomiendan incorporar prácticas de mindfulness y meditación para mitigar el dolor en enfermedades crónicas.

Antes de nada, hay que aclarar, que el mindfulness se emplea como una técnica complementaria para mejorar la calidad de vida del enfermo. En ningún momento va a reemplazar el tratamiento médico, ni va a provocar, por sí solo, la recuperación del paciente.

Dicho esto, el mindfulness se utiliza bastante entre pacientes que sufren fibromialgia, artritis reumatoide, colitis ulcerosas y enfermedad de Chron.

También resulta útil para aquellas personas que padecen con frecuencia cefaleas y dolores cervicales o lumbares.

Debemos partir de que los ejercicios de meditación, provocan en nosotros un estado de relajación mental y muscular, que coloca algunos de nuestros órganos en reposo, reduciendo las fricciones que provocan el dolor.

El dolor crónico es una fuente de ansiedad. La impotencia que le provoca al enfermo el hecho de que no puede controlar el dolor, le crea un estado de nerviosismo que redimensiona los efectos de la enfermedad.

Los ejercicios de Mindfulness nos ayudan a disipar los pensamientos ansiosos de nuestra mente, incluido el dolor. Concentrarnos en nuestra respiración ayuda a que no estemos pensando en el dolor que sufrimos y progresivamente conseguimos que ese dolor disminuya o que nos afecte menos.

El mindfulness no va a eliminar el dolor propio de las enfermedades inflamatorias crónicas, pero sí va a aumentar la resiliencia del enfermo, mejorando, de esta manera, su calidad de vida.

El mindfulness aumenta la concentración.

El mindfulness se está empezando a introducir en otras áreas como la enseñanza infantil, para mejorar el nivel de concentración y el rendimiento académico de los alumnos.

Hace unos años, en Inglaterra, algunos centros educativos pusieron en marcha un estudio llamado  “Mindfulness in Schools Project” (MiSP). Durante 9 semanas se realizaron todos los días ejercicios de meditación Mindfulness en clase y se compararon los resultados con otras clases del mismo nivel y características similares, para extraer conclusiones.

En las clases donde se practicaba el Mindfulness aumentó el nivel de atención en los alumnos en clase, reduciendo las interrupciones al profesor (como puede ser hablar con el compañero), mejoró el rendimiento medio de la clase y se mejoraron las relaciones interpersonales entre los alumnos.

En California (EE.UU.), se puso en marcha un proyecto llamado Escuelas Conscientes que afectó a un total de 400 estudiantes de primaria y secundaria. En este experimento, los alumnos practicaban sesiones cortas de mindfulness de 5 o 10 minutos al día, durante 6 semanas seguidas.

Con esta práctica se mejoró un 40% la capacidad de concentración del alumnado, se redujo un 38% el estrés escolar y mejoró en un 35% el control emocional y la gestión de los impulsos agresivos por parte de los estudiantes.

En la comunidad docente encontramos maestros y profesores en todo el mundo que defienden los beneficios que el mindfulness produce sobre el rendimiento y el bienestar emocional de los alumnos.

En casos de falta de concentración o en comportamientos impulsivos agresivos, el mindfulness puede ser un instrumento que mejore la vida académica del estudiante.

Cada vez nos encontramos a más pedagogos, psicólogos y profesionales de diferentes ámbitos de la salud que ven en el mindfulness un complemento ideal para resolver problemas concretos y mejorar la calidad de vida de las personas.

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