La calidad de nuestros frutos secos depende de la calidad de nuestro entorno

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Siempre hemos defendido que hay que amar a la naturaleza porque eso equivale a amar al planeta en el que vivimos. Una de las cosas que permite defender a capa y espada todo lo que tiene que ver con la naturaleza es que en ella sabemos encontrar la paz y la tranquilidad que quizá nos pueda faltar a lo largo de cualquier otro momento. Una escapada a una montaña, perderse por un bosque o tomar algo tranquilamente con familia o amigos en un parque son planes que hacen que nuestra existencia sea mucho más feliz y que tengamos muchos más motivos que de costumbre para sonreír.

Pero hay aspectos ligados a la defensa de la naturaleza que también tienen que ver con otras cosas. A lo largo de los párrafos que vais a ir leyendo, vais a ir descubriendo que nos referimos a un aspecto como el de la gastronomía. Defender todo tipo de plantaciones y árboles permite que podamos contar con productos que son de calidad y que, en caso de darnos igual todo lo que respecta al cuidado de la naturaleza, no tendríamos tan a mano ni mucho menos. No cabe la menor duda de que defender todo lo que tenga que ver con el medio ambiente va a tener implicaciones muy grandes en el tipo de productos que puedan ser generados por la propia tierra.

Los productos de los que vamos a hablar, que son los frutos secos, llevan existiendo toda la vida en todo el mundo. Hablamos de productos que solemos tener a mano día a día y que forman parte de nuestra vida, sobre todo en momentos en los que nos permitimos el lujo de darle sabor a nuestro paladar. Ni que decir tiene que no nos podemos olvidar de los placeres que tienen que ver con la comida, que esta es una de las cosas que nos permiten disfrutar más y mejor de todo lo que respecta a la vida. Y los frutos secos constituyen una muy buena manera de disfrutar de los distintos sabores que están presentes por el mundo y que nos generan ese placer del que hablamos.

Hay muchas personas que se preguntan cuál es la historia y cómo se generan los frutos secos. Y la verdad es que una de las mejores maneras de saberlo es a través de una noticia que se publicó en la página web de Sweet Press y que aseguraba que los frutos secos y su cultivo llevan existiendo 780.000 años, si bien los árboles que los proporcionan datan del año 3.000 antes de Cristo. Las almendras y las nueces comenzaron a aparecer en la antigua Mesopotamia, las avellanas en Europa, los pistachos en el Medio Oriente y los cacahuetes en América del Sur. Como veis, cada zona del mundo, que tiene árboles diferentes, proporciona un tipo de fruto seco diferente.

Pero es verdad que hay veces en las que un país concreto dispone de un tipo de árbol mayoritario que es diferente a ese reparto que acabamos de hacer. España es uno de los mejores ejemplos de ello porque, de acuerdo a lo que apuntaba la revista Campo, el 87% de la superficie de cultivo de frutos secos se la lleva el almendro. Es el líder indiscutible en este sentido y el segundo clasificado de ese ranking no es otro que el pistacho, que se lleva el 7% de la superficie. Desde luego, no cabe la menor duda de que la producción de frutos secos en España está descompensada a tenor de estos datos, pero lo cierto es que lo que se produce se consume bastante bien y eso siempre es positivo para nuestra economía.

Hay una legión absoluta de seguidores de los frutos secos en España. De hecho, hay un montón de sabores de frutos secos para otro tipo de alimentos (véase los helados, por ejemplo, cuyos sabores en almendras o pistacho se han convertido en los preferidos por parte de todas las personas). No cabe la menor duda de que estamos hablando de una realidad que es innegable y que va a seguir siendo tan real como la vida misma. Y es que los frutos secos constituyen uno de los sabores más reconocibles y más venerados de todos cuantos podemos tener. Desde luego, a nadie se le ocurriría prescindir de ellos en ningún momento de su existencia.

El pistacho está de moda 

En la actualidad, estamos asistiendo a un boom de todo lo que respecta al pistacho. Están haciendo un montón de productos con este tipo de sabor y la verdad es que está siendo todo un éxito de ventas y de calidad. Muchísimas personas se han convertido en verdaderas fans de todo lo que respecta a este sabor y no cabe la menor duda de que va a seguir siendo así por muchos años que pasen. Todo el mundo cada vez tiene más claro que el pistacho es un producto de calidad y es una suerte que en España también tengamos determinada parte de cultivo dedicada a un producto como del que estamos hablando.

Los peligros a los que nos enfrentamos 

Hay muchos peligros a los que nos vamos a enfrentar como consecuencia de una falta de cuidado del medioambiente. En primer lugar, lo que hay que tener en cuenta es que hay muchas personas que ya están padeciendo la consecuencia del aumento de la contaminación, la polución y el consiguiente aumento de la temperatura media del planeta. Una de las partes del cuerpo que más nota todo esto es la piel, que puede incluso ser la que sufra un cáncer. Por otro lado, tened en cuenta también que estamos expuestos a que haya una deforestación todavía mayor de la que ya hay y que va a terminar afectando también a la fauna.

Como consecuencia directa de esto, la verdad es que puede generarse otro problema que es el que tiene que ver con la falta de determinados productos que nazcan directamente de algún cultivo que se vea amenazado por culpa de la degradación del medioambiente. Y eso es lo que puede ocurrir por ejemplo con las almendras y los pistachos. Ni que decir tiene que, en lo que tiene que ver con la gastronomía, el cuidado del medioambiente también tiene una gran importancia porque muchos de los productos que nos llevamos a la boca proceden directamente de la tierra. Y si no cuidamos de la tierra, esos productos no van a nacer de la misma manera y no van a tener el sabor que todavía a día de hoy mantienen.

Teniendo en cuenta la importancia que tiene un asunto como la alimentación y la influencia que puede tener un mal cuidado de nuestro planeta en el crecimiento de productos derivados de la propia tierra, hay que redoblar esfuerzos en todo lo que tenga que ver con las políticas medioambientales que se están llevando a cabo especialmente en la Unión Europea. Reducir la dependencia de los combustibles fósiles como la gasolina o el diésel, reducir el uso de materias primas de un solo uso o apostar por las energías renovables como la solar o la eólica son puntos que tenemos que tener en cuenta para conseguir mejorar la calidad de los alimentos que nos dé nuestro propio planeta.

El mundo de los frutos secos es uno de los que mejor se está acostumbrando a trabajar con todo lo que tiene que ver con productos ecológicos. Así nos lo han transmitido los chicos y chicas de Frutos Secos del Carmen, entidad que no solo se encarga de comercializar almendras o avellanas ecológicas, que son las más comunes, sino también otros productos como los dátiles o los arándanos, que también pueden ser ecológicos y que, desde luego, proporcionan una mayor cantidad de beneficios que los productos que nada tienen que ver con el cuidado de la salud de las personas.

Estamos en un momento crítico en lo que guarda relación con el cuidado con nuestro planeta. Muchos expertos consideran que el daño que se ha hecho al planeta ya es irreversible y que lo único que podemos hacer es intentar retrasar lo máximo posible que la temperatura media del planeta siga creciendo. Sea como sea, necesitamos empezar a preocuparnos por este tema porque las últimas décadas han sido muy malas en lo que tiene que ver con la degradación de nuestro entorno y es necesario ponerle freno a un tema como este porque vivimos en una sociedad que destaca, tristemente, por estar dominada por un capitalismo salvaje.

Estamos seguros de que los frutos secos van a seguir formando parte de la vida de las personas en España y en otros muchos sitios del mundo. No es para menos. Hay que disfrutar de todos los placeres que nos da la vida y la alimentación… y los frutos secos constituyen uno de ellos. Por tanto, hay que cuidar al máximo de los árboles, los cultivos y las plantas de los que proceden. Ojalá que no se nos olvide esto porque va a ser lo que nos permita seguir disfrutando de unos frutos secos de calidad.

 

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