Las fotografías familiares cada vez más de moda

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Algo de lo que nos damos cuenta en la vida es que existen algunos momentos que no vuelven nunca, como ver a tu bebé dando su primer paso o ver esas miradas cómplices en una cena familiar que casi resume muchos años de pequeños momentos.

La captura de los momentos no es solo hacer fotos

Cuando hacemos fotografías, llegamos a congelar el tiempo, de tal forma que cuando pasen los años y los niños vayan creciendo, veas esas imágenes con una sonrisa y un nudo en tu garganta. Esto hace que, para bastantes familias, la contratación de un fotógrafo profesional, como nos dice la experta Brenda Roque, cuando se quieren realizar fotos familiares, no es postureo, sino invertir en recuerdos de calidad para siempre.

Esto lo he podido vivir personalmente. Cuando mi sobrina cumplió 4 años, quisimos hacer unas fotos con el móvil. El resultado fue desastroso, ya que yo enfocaba mal, los niños se movían y la luz nos hacía sombras raras. Hubo algunas fotos decentes, pero nada que transmitiese la magia de aquel día. Unos años después, después de ver las fotos profesionales al niño de unos amigos, me quedé pensando “menuda diferencia”… Eran unas fotos que realmente eran emocionantes, bonitas, y fue justo en ese momento donde me di cuenta de lo necesarias que son estas fotos.

Los móviles y una concepción equivocada

Son bastantes las familias que pensarán que un móvil de última generación puede hacer fotazas. No las hacen malas, pero aunque tienen modos de retrato, filtros automáticos y edición en un solo clic… Lo cierto es que hay diferencia entre una foto familiar espontánea o amateur y una profesional.

Mejor con profesionales

Los fotógrafos que viven de su trabajo conocen bien cómo se trabaja con la luz natural, posar sin que parezca forzado o cómo poder capturar esa mirada entre abuelo y nieto en pocos segundos. Lo más seguro es que, en cambio, tú solo estés pendiente de que no salga nadie con los ojos cerrados y de hacer la instantánea en el momento perfecto.

Pensemos, por ejemplo, en una de estas sesiones familiares que se hacen en otoño en el campo. Las clásicas carreras de los niños entre las hojas secas y unos padres que sonríen intentando seguirles. Los aficionados harían las clásicas fotos estáticas con sonrisas forzadas; un profesional se mueve en silencio, pide caminar juntos, coger al hijo en brazos y que el abuelo cuente un chiste de los suyos. Justo cuando aparecerán las sonrisas, es cuando hará clic esas fotos que hablarán de verdad de ellos, todo natural.

Pensemos que para las familias que tienen niños de corta edad, el tiempo pasa volando y más cuando son bebés. Por este motivo, hay que tener prevista una sesión con un fotógrafo especializado en newborn. Luego, cuando ven los resultados, terminan maravillados y sorprendidos, porque al final saben bien cómo sacar las mejores fotos de los niños; es su día a día.

Hay vida fuera de las sesiones de estudio

Los fotógrafos de familia no solo realizan este tipo de sesiones en los estudios; se adaptan al día a día. Pueden hacer todo tipo de fotos, desde en la montaña a la playa o incluso en el parque cercano a tu hogar o incluso en tu comedor. Ellos lo que hacen es traer su equipo, que por lo general es una cámara réflex de buena calidad, objetivos con gran luminosidad para poca luz, trípodes que sean discretos, y conocen escenarios que son auténticos e ideales, nada artificial. Las fotos familiares al final no deben mentir, tienen que mostrarnos las manos que se entrelazan, las arrugas de expresión, de risa, etc.

El storytelling cuenta

Otra de las razones para su contratación es el storytelling. Los fotógrafos expertos no hacen reportajes planos; lo que buscan es contar vuestra historia. Todo empieza con una charla de forma previa. Una vez que conocen más de vosotros, en la sesión se encargan de ir tejiendo eso en imágenes.

Aunque cada maestrillo tiene su librillo, se suelen hacer fotos individuales de cada uno, para que vean lo atractivos que están solos; grupales que consigan captar la dinámica de la familia, así como detalles íntimos como son las alianzas o un muñeco de peluche del niño mayor. Cuando finaliza la sesión y tienen ya todo listo, te entregan, además de los archivos digitales, también un álbum impreso, donde el diseño está cuidado.

Cuando las familias son de gran tamaño, todo esto adquiere aún más valor. Solo tienes que imaginarte una familia llena de abuelos, tíos, padres, nietos, etc. Los fotógrafos profesionales consiguen moverse como pez en el agua en el caos, logran jugar con los pequeños para que no se impacienten, posiciones que sean favorecedoras, etc.

Conozco hasta historias cercanas de familias con hijastros o segundas nupcias que, gracias a estas sesiones, crean recuerdos compartidos. «Ahora por fin tenemos fotos donde salimos todos, como una misma familia», me contó una de las profesoras de mi hijo Daniel. Es sanador y consigue unir lazos entre las personas.

Los padres merecen su sitio

En este tipo de fotos, los papás suelen salir los últimos de la lista y están detrás de la cámara, donde se captura a los niños con mayor atención, pero también es cierto que se olvidan de ellos mismos. El fotógrafo los pone en el centro, puesto que hacen fotos de ellos abrazados, de tal forma que se estén riendo con los pequeños e incluso solos para que puedan recordar la bella pareja que forman. Son regalos para que cuando los niños de mayores vean dichas imágenes, puedan ver lo guapos que estabais.

¿Cómo es el proceso para elegir fotógrafo?

No es nada complicado, solo tienes que buscar en Instagram o en el buscador de Google “fotógrafo familiar” y ahí vas a poder ver portafolios. Lo mejor es optar por uno que te dé vibraciones naturales, nada de posados. Luego tienes que contactar con él, hablar mediante WhatsApp o Zoom. En dicha conversación debes acordar un sitio y hora, así como el vestuario con colores neutros que combinen bien.

La sesión así fluirá, dándose indicaciones para que salga todo bien y, pasadas unas semanas, se puede ver todo en una galería privada en línea, de tal forma que se puedan elegir las favoritas. La edición profesional precisa de pieles naturales, colores vivos y debe ser de calidad.

Hay, eso sí, personas que prefieren hacerlo por su cuenta de otra forma y usar aplicaciones o trucos de luz. Sí que es cierto que pueden funcionar bien para uso personal, pero si se quiere algo que sea de verdad especial, los profesionales marcan la diferencia.

La experiencia hace que tengan los ojos bien entrenados para captar los gestos y expresiones que puedan ser más reveladores e interesantes. Una buena edición puede realzar sin necesidad de maquillajes ni trucos. De igual forma, los profesionales tienen backups eternos, por lo que no vas a perder nada en el caso de que se estropee el disco duro.

Son momentos claves que merecen la pena ser inmortalizados

Hay situaciones en la vida importantes como las bodas, comuniones, bautizos llenos de alegría, pero otros donde se puede ver la recuperación después de baches vitales, como divorcios superados o nacimientos que han sido muy buscados. En esas fotos se puede ver la recuperación e incluso las familias que se han visto inmortalizadas y después fallece el familiar, se emocionan y sienten la presencia.

Eso sí, como es lógico, existen algunas críticas, puesto que para algunas personas puede ser caro para unas simples fotos, pero que en la práctica tienen un valor sentimental mucho mayor. El número de imágenes puede variar, pero suelen oscilar entre el medio centenar o el centenar editadas y también impresas.

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