Los dientes y los bebés

Los nuevos estudios indican que hay que mantener una buena higiene bucodental en los bebés desde recién nacidos. En teoría, cada vez que el bebé mame o tome biberón hay que pasarle una gasa húmeda por las encías para limpiar los restos de leche que hayan podido quedar depositadas en ellas con el fin de prevenir las caries del biberón, y, por supuesto, hay que lavarle los dientes con cepillo de cerdas suaves y pasta especial infantil desde la aparición del primer incisivo. Ahora bien, ¿es eso sencillo?

Pues cuando aún son muy pequeños es más o menos fácil pues abrirle la boca a un bebé recién nacido o de pocos meses de vida y pasarle una gasita por las encías no resulta nada complicado, de hecho, no oponen resistencia ninguna por lo que no será una tarea que nos traiga demasiados dolores de cabeza. Ahora bien, cuando el bebé empieza a tener constancia de sí mismo, empieza a descubrir su propio cuerpo y empieza a tener cierta fuerza, es posible que cierre la boca a cal y canto y lo de pasar la gasita ya no sea tan fácil, y mucho menos aún intentar lavarle los dientes.

La caries del biberón

Se trata de un tipo de caries infantil que provoca un proceso destructivo del diente debido a que las bacterias se alimentan de los restos de azúcares que quedan en los dientes o encías, provocando la desmineralización de la superficie dental. Cuanto más largo sea el periodo en el que estén las encías o los dientes sin limpiar, más tiempo tendrán las bacterias para actuar y más posibilidades tendrán de generar la caries. Por eso la caries se reproduce más rápidamente durante las horas de sueño nocturno.

Una de las peores costumbres que podemos inculcar a los lactantes es dormirse con el biberón en la boca ya que al hacer eso tienen más riesgo de sufrir caries en los dientes de leche porque determinados ingredientes presentes en la leche permanecen más tiempo en sus dientecitos y pueden producir caries.

La Organización Colegial de Dentistas de España asegura que 1,8 millones de niños menores de 12 años tienen caries en sus dientes primarios y muchos de ellos empiezan siendo aún bebés lactantes.

Una buena higiene bucodental

Algunos expertos aseguran que si los bebés acaban viendo los momentos de higiene bucodental diario de forma rutinaria, será más sencillo que de niños, adolescentes y posteriormente en su madurez, sigan lavándose los dientes sin olvidos ni dejadez, pues lo tendrán asimilado internamente. Ahora bien, cuando el bebé decide no abrir la boca para permitirte esa limpieza la cosa se pone muy complicada.

Ante esta situación, los pediatras y odontopediatras recuerdan que ante todo no debemos forzar al bebé. Debemos tener en cuenta que si forzamos al bebé a hacer algo que no quiere empezará a asociar el momento de lavarse los dientes a un momento incómodo, que no le gusta, y en el que siempre acaba llorando. Por eso no debemos rendirnos, pero siempre desde el juego ye l buen humor. Podemos cantarle canciones, hacer juegos previos al momento de la higiene dental, lavarnos los dientes antes para que nos vea a nosotros hacerlo, y por supuesto, tener muchísima paciencia pues, al final, según los expertos, se consigue el objetivo.

Consejos:

  • Los dientes deben lavarse de los la aparición del primero de ellos, dos o tres veces al día, después de cada comida. Podemos usar un trapito húmedo o gasa humedecidos con agua para limpiar suavemente los dientes y las encías.
  • La pasta de dientes se empezará a usar con un cepillo de cerdas suaves en cuanto veamos que el bebé está preparado para dejarnos actuar libremente en su boca. Utilizaremos siempre una pasta de dientes infantil con una cantidad de flúor de entre 500 y 1000 ppm hasta los dos años de edad. Pondremos la cantidad equivalente a una lenteja sobre el cepillo y pasaremos suavemente el mismo sobre los dientes de nuestro bebé, dejándole a él que coja el cepillo si así lo desea, pero guiándole levemente para que la limpieza sea correcta.
  • Entre los 2 años y los 6 el flúor de la pasta de dientes debe ser de entre 100 y 1450ppm, y la medida a usar en cada cepillado es la de un guisante aproximadamente.
  • Los mayores de 6 años usarán pastas con 1450 ppm de flúor y 1 cm de pasta sobre el cepillo.
  • Debemos recordar que tanto el paladar como la lengua también han de cepillarse con suavidad.
  • Debe usarse un cepillo de dientes especial con bordes redondeados y no debemos dejarles solos, ya que su coordinación aún no es suficiente como para cepillarse sin ayuda.
  • A partir de los 3 años es cuando deberían empezar a aprender a escupir la crema correctamente por lo que podemos incrementar la cantidad de pasta de dientes a usar y fomentar aún más su autonomía.
  • Las visitas al odontopediatra deberían realizarse de forma periódica (si no hay problemas mínimo una vez al año) a partir del año de edad aproximadamente.
  • Poco a poco, podréis ir inculcándole el uso del hilo dental, siempre a partir de los tres años o más.
  • El Colutorio solo deberá usarse cuando los niños escupan la totalidad del producto y no se traguen nada. A partir de los 5 años es lo más recomendable.

¿Sabías que la última evidencia científica disponible nos dice que lo ideal tanto en niños como en adultos sería no enjuagar la boca con agua, simplemente escupir sin más y que la pequeña cantidad de pasta que aplicamos en el cepillo se quedara sobre las piezas dentales?

Así que, como dice Lucía Mi Pediatra, “empecemos por cambiar  nuestros hábitos: cepillo seco, pequeña cantidad de flúor, cepillado durante al menos dos minutos y escupitajo (los que sean necesarios)”.