Lole se crió en una aldea asturiana en donde, siempre que el clima acompañase, por las noches podía ver el cielo estrellado antes de ir a dormir y por las mañanas oir a los pájaros antes de levantarse de la cama.

Pronto aprendió cosas tan importantes para un niño como que los picores de ortiga se quitan con baba de caracol o que para hacer salir un grillo de su madriguera lo mejor es usar una pajita o hacer pis sobre ella.

Construyó su primera cabaña con palos y una vieja colcha de su abuela y siempre que podía se escapaba a recorrer los pequeños senderos de los montes de los alrededores donde aprendió a diferenciar las huellas de zorro de las de jabalí y a espiar en la distancia a las esquivas ardillas.

Se había gestado una wilder.